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Archive for 1/10/08

Por favor, contesta a estas tres preguntas con sinceridad: ¿Pones el móvil encima de la mesa mientras está en un restaurante? ¿No puedes apagar la PDA los fines de semana? ¿Te sientes incapaz de escuchar el aviso de un ‘sms’ y no ver de qué se trata?

Si es así, sigue leyendo.

Las nuevas formas de comunicación nos han traído innumerable ventajas, ya que nos permiten comunicar información con gran rapidez, en cualquier lugar y situación. Pero, ¿qué ocurre cuando el uso de la tecnología deja de ser funcional y empieza a inmiscuirse en el día a día?

El móvil nos ha robado una parte de la comunicación cara a cara, que se ha visto sustituida por los mensajes de texto o las conversaciones telefónicas, hasta el punto de generar comportamientos antisociales. Además, las tecnologías móviles impiden a muchas personas mantener las fronteras entre su vida laboral y familiar, porque la ventaja de estar conectado permanentemente se ha convertido en una esclavitud.

Con la comunicación instantánea, los individuos están trabajando más duro que nunca y, sobre todo, los mandos son más propensos a trabajar en sus vacaciones, que un empleado llano.

Esta incapacidad para equilibrar el trabajo con la vida privada, puede tener muchas consecuencias negativas, desde absentismo laboral, hasta baja productividad, elevados niveles de estrés o incapacidad para mantener relaciones con la familia, los amigos o disfrutar de las actividades de ocio.

Esta nueva era está cambiando nuestra percepción del tiempo, provocando una necesidad artificial de estar siempre conectados, y convirtiéndonos en seres capaces de hacer varias tareas el mismo tiempo como, por ejemplo, escribir un mensaje de móvil mientras mantenemos una conversación.

Esta necesidad de estar permanentemente disponibles hace que muchos individuos se sientan inseguros cuando se ven separados de sus aparatos por algún motivo, y esto puede tener diferentes consecuencias en nuestro bienestar emocional.

Debemos preguntarnos:

1º.- ¿Es posible que la necesidad compulsiva de leer un nuevo mensaje de texto, independientemente de lo que se esté haciendo, sea insana?

2º.- ¿Se puede considerar un trastorno la compulsión por estar siempre en contacto?

3º.- ¿Cómo se puede medir el uso apropiado o inapropiado del móvil?

Mientras no tengamos datos científicos, de nosotros depende; y quizás ha llegado el momento de valorar la importancia de estar desconectados.

 

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Vivir para trabajar o trabajar para vivir. Una vieja elección que cada uno resuelve a su manera, según tiene o no tiene más remedio. El caso es que mientras no aparezca un Euromillón salvador o aquel unicornio azul, no hay más salida que acudir al tajo. O no. Porque son muchos, en realidad, son ellas, muchas, cada vez más, las que han optado por un camino distinto al que conduce de la oficina a casa y viceversa.

En el territorio nacional, las excedencias solicitadas por trabajadores se han incrementado un 24% entre 2005 (se pidieron 47.546 excedencias) y 2007 (58.909 excedencias), mientras que el aumento de las reducciones laborales a nivel nacional ronda el 90%.

Durante el año pasado, según un estudio publicado por el Consejo Económico y Social (CES) de España, 121.637 trabajadores redujeron su jornada de trabajo.

“Se trata de un derecho ejercido con algo más de frecuencia que las excedencias, lo que probablemente se deba al hecho de que resulta menos gravoso reducir la jornada laboral que solicitar una excedencia”, señala el informe elaborado por el CES, un órgano consultivo de máximo nivel del Gobierno central. Las reducciones de jornada son más habituales entre las mujeres que entre los hombres, según las mismas fuentes. Ellas son abrumadora mayoría, según datos de la Seguridad Social y la Encuesta de Población Activa.

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La crisis de Wall Street ha hecho temblar al sistema financiero. Lo único que no ha temblado han sido las retribuciones de sus máximos ejecutivos. ‘Los estadounidenses están enfadados por la compensación de los ejecutivos y con razón’, ha declarado Henry Paulson, el secretario del Tesoro, artífice del plan de rescate financiero de 700.000 millones de dólares del Gobierno de EE UU. Durante los últimos cinco años, las cinco mayores firmas de Wall Street (Goldman, Morgan Stanley, Merrill, Lehman Brothers y Bear Stearns) han pagado 2.100 millones de euros a sus altos ejecutivos, según datos de Bloomberg. Concretamente, Lehman pagó a su consejero delegado, Richard Fuld, un total de 23,3 millones de euros en 2007.

El descontento popular parece haber tenido una rápida respuesta. La semana pasada, tanto la Administración Bush -en lo que se refiere al plan de rescate- como los Gobiernos de Francia y Reino Unido plantearon por primera vez la necesidad de poner coto a los salarios de oro.

No es fácil poner topes a los salarios, sobre todo en un mercado como el estadounidense. Allí el indicador del dinero es más poderoso, mientras que en Europa preocupa más el prestigio. El profesor del IE recuerda el caso de Percey Barnevik, ejecutivo de la multinacional ABB, que en 2002 devolvió una compensación económica de 53 millones de dólares, ante la polémica generada por la mala situación económica de la compañía. Pese a todo, considera que el tema de los salarios no se puede enfocar de forma aislada. Las remuneraciones no son lo único que ha funcionado mal en el sistema financiero.

2.000 millones para los máximos ejecutivos

Los más de 2.100 millones de euros pagados durante los últimos cinco años a los cinco máximos ejecutivos de las entidades de inversión triplica lo que JPMorgan gastó en comprar Bear Stearn, según Bloomberg.

Merrill Lynch pagó a Stanley O’Neil 172 millones de dólares (118 millones de euros), y James Jimmy Cayne, de Bear Stearns, ganó 161 millones de dólares (110 millones de euros) antes de que la entidad colapsara y fuera vendida en junio a JPMorgan Chase.

Lloyd Blankfein se llevó de Goldman el pasado año 39,4 millones de euros, en salario y bonus, mientras que Morgan Stanley pagó a Philip Purcel y John Mack 133 millones de euros en los últimos cinco años.

Después de obtener unos resultados récord, el gasto en compensaciones de Lehman creció en 2007 un 9,5% hasta 6.500 millones de euros , incluyendo bonus estimados en 3.900 millones de euros. Los cinco ejecutivos principales obtuvieron 55,5 millones de euros.

En total, los cinco bancos de inversión han repartido 45.000 millones de euros en 2007 entre sus empleados, incluyendo unos 26.700 millones de euros en bonus, lo que representa 241.500 euros por empleado. El beneficio neto conjunto fue de 63.600 millones de euros en el periodo 2003-2007.

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